161111 Estética

Exordium: El punto muerto de la filosofía

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Desde el tiempo en que la Acrópolis emanaba su mayor esplendor y los grandes progenitores de la filosofía occidental argumentaban la razón de ser y los múltiples desenlaces de la creación artística, cuya finalidad fue (como una de las más primitivas conclusiones) la captación de la naturaleza por medio de una idealización, existía ya la aún inconclusa cavilación que cubre con astillas al “gran problema” de lo bello y el arte; ese mismo torrente de tinta que ha corrido con fuerza a través de los palimpsestos escritos por la ilustrada minoría en la edad media –tal es el caso del arquetipo creado por Tomás de Aquino, quien implantó la idea de la percepción en el arte (la relación entre el sujeto y el objeto) por medio de una afinidad estructural– y que, con mayor fuerza aún, ha sido escudriñado por pensadores de la edad moderna como Immanuel Kant y Georg Hegel.

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Todas las conclusiones respecto al tema (la belleza y el arte), que para nuestro tiempo resultan estar desarrolladas únicamente de una forma parcial, no tenían como estructura definida a una disciplina separada, pues en su mayoría se encontraban incorporadas al acervo de la filosofía, ignorando la precisión de aquél punto fijo en dónde realmente deberían ser colocadas.

Aquel punto definitivo fue por fin creado, establecido y definido como “estética” hasta el siglo XVIII, cuando se mencionó por primera vez en la obra Reflexiones filosóficas acerca de la poesía (1735), y más tarde tratada en la obra Aesthetica (1750), ambas obras escritas por el filósofo alemán Alexander Gottlieb Baumgarten.

Baumgarten denomina estética a “una ciencia que, a semejanza de la lógica racional, sería una especie de lógica de la representación sensible”. Este término, creado con el grado de disciplina independiente, se encontraba casi definido en algunos elementos tratados por Gottfried Leibniz (filósofo y lógico alemán), de quien evidentemente Baumgarten consideró como pilares básicos: el descubrimiento de la facultad del objeto estético, la belleza como objeto del conocimiento estético y la concepción de la verdad estética; y que de las cuales, según su criterio expresa en su obra que “así como la perfección del conocimiento racional es verdad, la perfección de la representación sensible es la belleza”, por lo tanto ésta se convierte en el objeto fundamental de la nueva ciencia llamada estética.

Considerando este punto escrito en la obra de Baumgarten, sobresale ante los ojos del perspicaz que: en realidad no tiene mucha relación con el verdadero problema de la belleza; sin embargo su designación se impuso, con el fin de nombrar, no la ciencia de la sensibilidad como debería corresponder a su etimología, sino a la ciencia que se ocupa únicamente de los problemas del arte y de lo bello.

Hoy día, la utilización del término se ha transformado en una idea general a la cual se le considera con este último significado.

Definiéndola desde una noción técnica, la estética es una ciencia filosófica que pretende tratar su objeto con el mismo rigor metódico que la lógica o la ética tratan el suyo. Estudia el origen del sentimiento puro, así como su manifestación (desarrollo y conclusión), que es el arte y sus valores.

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Artículo realizado por Alan Cabrera para la revista Ontology Time N1 p.12